¿Qué está realmente bajo tu control?


Hola a todos, bienvenidos a nuestro programa: un pódcast financiero sobre negocios, dinero y cristianismo, todo desde una perspectiva de fe. Quiero darles la bienvenida al año 2026. Ya llevamos aproximadamente una semana en este nuevo año y espero que vayan bien encaminados para que sea un gran año.

Las cosas que hacemos hoy nos van a preparar para la próxima semana, el próximo mes y los próximos seis meses, y queremos hacerlo bien. Por eso, hoy quiero hablarles sobre las decisiones, sobre las elecciones que hacemos.

Como mencioné hace un momento, aquí hablamos de negocios y de dinero, pero siempre desde una perspectiva cristiana, desde la fe. Aunque hoy no voy a leer versículos directamente de la Biblia, todo lo que voy a compartir está basado en principios bíblicos y proviene de la Palabra de Dios.

Actualmente estoy leyendo un libro que se llama Choices, de Michael Myers. El subtítulo es Choices That Shape Our Character. Es un libro muy interesante y, si te gusta leer, realmente te lo recomiendo. La esencia del libro es sencilla pero poderosa: nuestras decisiones nos llevan a donde terminamos. Forman nuestro carácter y, en última instancia, la vida que vivimos.

He dicho muchas veces —y aunque el libro no usa exactamente estas palabras, la idea va de la mano— que nuestra vida hoy es la suma total de las decisiones que hemos tomado hasta ahora. Dónde vivimos, qué hacemos, los éxitos que tenemos y también los fracasos que enfrentamos son, en gran medida, el resultado de nuestras decisiones.

Ahora, quiero aclarar algo importante. Tú y yo no tenemos control sobre todo lo que nos sucede. Nuestro cuerpo puede enfermarse y no haber hecho nada para provocarlo. Eso es parte de la naturaleza, parte de vivir en este mundo. Pero lo que sí está bajo nuestro control es cómo respondemos. Las decisiones que tomamos frente a las circunstancias determinan cómo salimos de ellas.

Así que, aunque no tenemos control total sobre todo lo que pasa a nuestro alrededor, sí tenemos control total sobre las decisiones que tomamos.

Aquí en los Estados Unidos, hace algunos años, surgió una organización llamada MADD —M-A-D-D—, que significa Mothers Against Drunk Driving, Madres Contra Conductores Ebrios. Esta organización fue fundada por una mujer cuya hija murió al ser atropellada por un conductor en estado de ebriedad. Ella decidió responder a esa tragedia impulsando mejores leyes y creando conciencia para evitar que otras personas pasaran por lo mismo.

Muchas personas viven experiencias similares: pierden a un ser querido por drogas o por accidentes relacionados con el alcohol y la conducción. Algunas personas quedan completamente paralizadas por el dolor y no logran seguir adelante. Pero muchas veces la diferencia está en las decisiones. No importa qué tan dura se vuelva la vida, nuestras respuestas siguen estando en nuestras manos.

Esto es clave para cómo manejamos nuestro dinero y cómo dirigimos nuestros negocios. En 2026 vas a tomar miles de decisiones, muchas de ellas sin tener toda la información que te gustaría. Por eso es tan importante entender cómo tomar decisiones sabias.

Permíteme conectar esto con la Biblia. Hay muchos pasajes que hablan de decisiones sabias y decisiones insensatas. Un ejemplo muy conocido es la parábola de las diez vírgenes. Cinco eran prudentes y cinco eran insensatas. Todas estaban esperando al novio y todas tenían lámparas que necesitaban aceite. Cinco llevaron suficiente aceite y cinco no.

Cuando el novio tardó en llegar, las insensatas pidieron a las prudentes que les vendieran un poco de su aceite. Las prudentes se negaron, porque sabían que eso podría dejarles sin suficiente para ellas mismas. Esta parábola tiene muchas aplicaciones espirituales, pero en el contexto de lo que estamos hablando hoy, nos muestra la importancia de la preparación y la base sobre la cual tomamos nuestras decisiones.

Desde mi punto de vista —especialmente aquí en los Estados Unidos— la diferencia entre decisiones sabias y decisiones insensatas muchas veces se reduce a la forma de pensar en el tiempo. Yo lo llamo pensamiento a corto plazo contra pensamiento a largo plazo.

Las personas que suelen tomar decisiones insensatas piensan a corto plazo: ¿Qué quiero ahora? ¿Cómo me quito la presión de hoy? ¿Cómo disfruto este momento? Las vírgenes insensatas pensaron solo en tener suficiente aceite para el momento. Las prudentes pensaron diferente: ¿Y si esto tarda más de lo que esperamos?

Hace poco estaba escuchando a alguien que atravesaba una situación de mucha presión de tiempo. Organizó su día según cómo quería hacerlo, no según las prioridades. Primero hizo todo en casa y luego fue a la ciudad. En la ciudad surgieron retrasos que estaban fuera de su control, y terminó llegando tarde a un compromiso importante.

Fue una decisión insensata. ¿Por qué? Porque las tareas que tenía en casa dependían de un horario específico más tarde en el día. Una decisión más sabia habría sido ir primero a la ciudad. Así, cualquier retraso ocurría allá, y al regresar a casa podía detenerse a tiempo para cumplir con su cita.

Tú y yo necesitamos desarrollar un pensamiento crítico para tomar decisiones que estén bien alineadas. Si estás tomando una decisión de negocios bajo presión, entiende esto: la presión es uno de los peores momentos para tomar decisiones a largo plazo. Normalmente, las personas solo piensan en cómo quitarse la presión de encima hoy, y terminan cambiando la presión de hoy por un problema mayor mañana.
Es mejor preguntarse: ¿Cómo resuelvo esta situación de tal manera que dentro de seis meses, un año o cinco años no esté enfrentando lo mismo otra vez?

Aquí estamos, apenas en la primera semana de 2026, y sabemos que este año vamos a tomar miles de decisiones. Algunas serán sabias y otras no. Nuestro objetivo debe ser eliminar la mayor cantidad posible de decisiones insensatas.

Pregúntate: ¿Qué se necesita para alcanzar mis metas, mis objetivos, mi visión? Si lo ponemos en términos de dinero, tal vez pienses que necesitas mil unidades de tu moneda local. Pero la sabiduría diría: mejor planea tener dos mil, por si acaso algo falla.

Jesús habló de esto cuando dijo: ¿Qué rey va a la guerra sin sentarse primero a ver si tiene suficientes soldados? O, ¿qué persona comienza a construir una casa sin sentarse primero a calcular el costo y ver si tiene lo suficiente para terminarla?

Debes tener una dirección clara para este año: qué quieres lograr, cómo lo vas a lograr. Pero también necesitas preguntarte: ¿Tengo lo necesario para llegar hasta el final? No improvises. No confíes solo en que “todo se va a acomodar”. Planea con sabiduría.

Las decisiones importan. Las decisiones construyen la vida que estás formando.

Todos los días vas a enfrentar muchas decisiones. Yo te animo a tomar primero la más importante: aceptar a Jesucristo como tu Señor y Salvador. Y luego, basar todas las demás decisiones en esa primera decisión. Cuando haces eso, Él se asegura de que tengas los recursos para cumplir lo que ha puesto en tu corazón.

Haz de 2026 un año diferente a cualquier otro: un año en el que logres más, camines con mayor confianza, vivas con mayor autoridad y veas cumplidas tus metas. Eso solo sucede cuando, a lo largo del camino, tomamos decisiones sabias.

Gracias por acompañarme hoy. Nos vemos la próxima semana, a la misma hora y en el mismo canal. Si la plataforma donde nos estás viendo lo permite, dale like, suscríbete, deja tu pulgar arriba, lo que sea necesario para que los algoritmos funcionen mejor.

Gracias por pasar por aquí y por permitirme compartir estas ideas contigo. Espero que te ayuden a hacer de este año uno mejor. Nos vemos pronto.

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